El mundo del trabajo en Chile se está convirtiendo en la anomalía social de estos años de desmovilización social, debido al aumento de la validación social de su accionar colectivo, sumado a la tendencia al alza de sus movilizaciones (huelgas legales y no legales) y de la sindicalización, que se traduce en una mayor incidencia social.
Hoy en Chile vivimos un proceso de desmovilización social influenciado por las secuelas de los confinamientos durante la pandemia de Covid-19 y la desazón política tras el fracaso del primer proceso constituyente. Esto se refleja en la disminución de la intensidad de las movilizaciones que ocurrieron entre 2011 y 2020, donde diversos movimientos sociales, colmaron las calles del país.