Quien quiere cambiar el mundo tiene que saber primero cuáles han sido sus condiciones de existencia, desde cuándo cambió y por qué anda más mal hoy que antes. Según mi opinión, el mundo de hoy está peor que el de hace cuatro o cinco décadas. Tengo varias razones para pensar esto: el crecimiento de las desigualdades sociales; las amenazas sobre el medio ambiente; la crisis de la democracia política; la vuelta de la extrema derecha; el debilitamiento de las izquierdas y del socialismo; el fracaso de varios intentos de desarrollo en los países del Sur; las crisis migratorias; la inseguridad de las personas en las ciudades; el auge del terrorismo y de la violencia; la generalización del individualismo; la fragilización de los vínculos sociales; las crisis identitarias de varios grupos sociales; la crisis de la hegemonía mundial y el cambio del orden político internacional; y, quizás la más terrible de todas, el riesgo real de otra guerra mundial.
Todos estos problemas son muy inquietantes y nefastos para el bienestar y el futuro de la humanidad. Tres de ellos me parecen particularmente graves: la crisis de la democracia parlamentaria representativa; el fracaso de los esfuerzos de desarrollo en los países del Sur; y el debilitamiento del movimiento socialista frente al éxito de la extrema derecha. Ya he hablado de los dos primeros (ver aquí mismo mis dos contribuciones anteriores). En esta tercera entrega, quisiera dedicarme a trabajar sobre el debilitamiento del socialismo.
¿Por qué considero que este problema es tan grave? Simplemente, por la importancia que tuvo el movimiento obrero y el socialismo, en el curso del siglo XX, en el mejoramiento de las condiciones materiales y sociales de vida de los pueblos de muchos países del mundo, en particular, de los más industrializados. Este mejoramiento se debió a múltiples causas, pero una de ellas fue la larga y difícil lucha de clases a la cual se dedicaron el movimiento obrero y el socialismo.
I ¿Qué fue el socialismo de ayer?
El socialismo es un fenómeno complejo. Es a la vez un movimiento social y un régimen político anticapitalista que pretende reemplazar la propiedad privada por la propiedad colectiva. Con el capitalismo neoliberal triunfante que tenemos ahora, pensar en un régimen colectivista es simplemente utópico. Una verdadera utopía, es decir, un proyecto imposible. Por lo tanto, lo que me parece importante aquí es recordar que el socialismo es, pero sobre todo fue, un movimiento social y político que permitió construir la solidaridad de la clase de los trabajadores y que los acompañó en su lucha contra la explotación de la cual eran víctimas, dándoles sentido (orientación y significación) a sus reivindicaciones: el derecho de sindicalizarse, de hacer huelgas, la reducción de la jornada de trabajo, el alza de los salarios y todos los componentes de la protección social contra los riesgos del trabajo.
II ¿Qué aportó el socialismo al mundo?
En el curso de los siglos XIX y XX, los países que lograron con éxito modernizarse e industrializarse tuvieron que elegir entre cuatro caminos de desarrollo (o modelos políticos y económicos) bien diferentes: el capitalismo liberal británico, el capitalismo nacional alemán, el socialismo autoritario ruso y el socialismo democrático escandinavo (1).
Según sus condiciones de existencia y su cultura, estos países tuvieron que resolver dos dilemas fundamentales. El primero: ¿cómo tenemos que tratar la cuestión de la libertad en el ejercicio del poder político?; ¿dejar mucha o poca libertad?Y el segundo: ¿cómo tenemos que tratar el tema de la igualdad en la gestión de la riqueza económica producida? ¿Exigir mucha o contentarnos con poca igualdad?Es entonces que “los modernos” se dieron cuenta de que, conociendo al ser humano tal como es, la libertad y la igualdad son dos valores eminentemente deseables, pero incompatibles. Efectivamente, con los humanos, tal como son, si los que gobiernan el poder político o la gestión económica quieren que sean libres, tienen que aceptar que van a crear entre ellos unas desigualdades muy profundas; y si quieren que sean iguales, tendrán que quitarles una parte de su libertad.
De estos cuatro caminos a la modernización industrial, tenemos que reconocer que la vía del socialismo democrático escandinava no solamente supo conciliar mejor que las otras vías la libertad y la igualdad, sino que además fue la más eficaz en el mejoramiento de las condiciones de vida de la población. Este régimen fue, de lejos, el menos costoso en términos de sacrificios humanos y el más beneficioso en términos de mejorar las condiciones de vida. Para convencerse de la exactitud de esta afirmación basta con comparar los PIB/per cápita de estos países. Según el Banco Mundial (en 2017) estos PIB/cápita fueron: Noruega 87.925 $, Suecia 55.516 $, Alemania 54.343 $, Reino-Unido 49.463 $ y Rusia 10.658 $.
III ¿Por qué el socialismo ha tenido tanto éxito?
En la práctica de su lucha, paso a paso y en condiciones terriblemente difíciles, los proletarios de cada país capitalista supieron construir los cinco componentes del movimiento socialista obrero (2). Para realizar semejante tarea, sus actores, ayudados por sus dirigentes y siguiendo los consejos de varios intelectuales (entre otros K. Marx y F. Engels), fueron capaces de realizar análisis correctosdel modo de producción capitalista industrial y de las ideologías vigentes a mediados del siglo XIX, y de proponer a sus bases obreras las respuestas que necesitaban para organizar su movimiento, para movilizar a sus militantes, orientar sus luchas, acumular poco a poco las victorias que necesitaban y conseguir que los Estados las reconocieran por leyes. Las modalidades de estas luchas fueron perfectamente adaptadas a las relaciones sociales entre las clases de ese tiempo. Me parece útil recordar muy brevemente en qué consistía esta perfecta adaptación del movimiento socialistaa la realidad del capitalismo tal como era en esa época. Esta adaptación era la principal condición de su éxito. Examinaremos los cinco componentes del movimiento obrero.
- ¿Quiénes somos? Nosotros los obreros, somos la fuente de la riqueza económica; por nuestro sobre-trabajo, somos los que producimos cada día la plusvalía –es decir la diferencia entre el valor de cambio de los bienes y servicios que producimos y el valor de cambio de nuestro salario; el patrón burgués y sus accionistas se apropian de esta plusvalía con la cual se enriquecen y pagan todos sus gastos.
- ¿Cómo somos dominados? Porque no somos propietarios de los medios de producción, estamos obligados, para sobrevivir con nuestras familias, a vender nuestra fuerza de trabajo y aceptar las condiciones de salario y de trabajo del patrón.
- ¿Contra quienes luchamos? Por supuesto, el adversario de los trabajadores era la clase de los capitalistas, la burguesía, propietaria privada de los medios de producción, que explotaba el trabajo de sus obreros.
- ¿En nombre de qué reivindicamos? Los trabajadores centraron sus reivindicaciones exactamente sobre las dos fuentes estratégicas de la plusvalía: la duración de la jornada laboral y los niveles salariales.Acortar el día de trabajo reducía las horas durante las cuales el obrero producía plusvalía con su sobre-trabajo; aumentar los salarios aumentaba el tiempo de trabajo necesario para producir el valor de sus salarios. Pasó lo mismo más tarde cuando el movimiento obrero consiguió que los patrones financiaran la seguridad social. Cada vez que un patrón tenía que aceptar una reivindicación, su plusvalía disminuía.
- ¿Cuáles son nuestros métodos de lucha? Después de varias décadas de lucha, la clase obrera consiguió el derecho de formar sindicatos y hacer huelgas. Además, con el lento ensanchamiento de la democracia parlamentaria y representativa, los socialistas consiguieron también el sufragio universal para los hombres y después, para las mujeres. Nuevos partidos políticos fueron creados que permitieron un mejor control de la clase obrera sobre los Estados y, por intermedio de ellos, sobre la burguesía.
Así, las victorias del movimiento obrero fueron traducidas en obligaciones legales para las empresas y para los Estados. En ciertos países (Alemania de Bismarck, Gran-Bretaña de Beveridge y de Keynes, Francia de Charles de Gaulle y de Pompidou, Estados-Unidos de Roosevelt, Países escandinavos, etc.) esta “perfecta adaptación” entre el movimiento social y la realidad concretaexplica el aporte decisivo (3) del movimiento social y político socialista al Estado de Bienestar social, llamado Estado Providencia. Con él, después de la Segunda Guerra mundial, las poblaciones de estos países conocieron una época de mejoramiento de sus condiciones de vida, que fue llamada los “Treinta Años Gloriosos”, y que se terminaron por los “Golden Sixties”, antes de la vuelta del capitalismo neoliberal.
IV ¿Cómo explicar la crisis del socialismo y del movimiento obrero de ayer?
Retomaremos las cinco preguntas con las cuales hemos analizado el éxito del socialismo para analizar cuáles fueron los cambios que nos permiten ahora comprender también su crisis.
a. ¿Quiénes somos? Consecuencia de la mutación del capitalismo, el modo de producción y de apropiación de la riqueza económica ha cambiado radicalmente. Más precisamente, las dos clases sociales que hicieron el capitalismo industrial (la burguesía y el proletariado) dejaron de ser los dos “personajes centrales” de las relaciones de clases del capitalismo neoliberal: en dos o tres décadas de innovaciones tecnológicas y organizacionales, estas clases han sido reemplazadas por dos nuevas clases. Por una parte, tenemos “la oligarquía plutocrática capitalista neoliberal”: los grandes comerciantes, los banqueros y otros especuladores financieros que se apropian de la riqueza económica y forman esta nueva clase dominante. Por otra parte, tenemos “los consumidores manipulados y endeudados”que constituyen una clase productora dominada: todos los ciudadanos que van a trabajar todos los días para comprar lo que necesitan (o que la publicidad les hace desear) y para pagar sus deudas. El lugar estratégicode las relaciones entre las clases sociales se ha desplazado de la producción hacia el consumo y las finanzas, de la fábrica hacia el mall… o la pantalla del televisor. Ayer, la burguesía se enriquecía con la plusvalía que producían los proletarios con su tiempo de trabajo excedentario (el sobre-trabajo). Hoy la oligarquía plutocrática se enriquece con los beneficios comerciales que los consumidores manipulados les pagan a las empresas y con los intereses financieros que los endeudados pagan a los bancos.
Consecuencia de la generalización del individualismo (también producto del neoliberalismo), varios nuevos actores surgieron, cada uno defendiendo su identidad colectiva. El movimiento obrero –felizmente, por su larga experiencia de la lucha social –, existe todavía, y se esfuerza por salvar lo que queda del Estado de bienestar social. Pero ya no es más ni el único, ni el principal movimiento social en las sociedades capitalistas neoliberales de hoy. Todos estos actores que, en el capitalismo industrial, eran “los olvidados de la modernidad”– las mujeres, los jóvenes, los colonizados, los pueblos llamados “originarios”, los inmigrantes, los pobres, los homosexuales– se despertaron cuando se impuso el reino del individuo, y cuando el reino del Progreso fue puesto en cuestión por los daños que causa a la naturaleza. Lo que estas personas quieren conseguir son todos los bienes y servicios que les permitirán ser más Sujetos de sí mismos, es decir, tener una vida digna. Todos estos nuevos actores rechazan toda forma de dominación y de discriminación social, y reclaman su derecho a vivir dignamente y ser respetados. No es por casualidad que la dignidades hoy una palabra omnipresente en su discurso. Para sentirse dignos, necesitan educación, salud, vivienda, empleo, dinero, seguridad, información, distracción… Dicho de otra manera, necesitan sentirse respetados por lo que son o quieren ser.
Primera explicación de la crisis del socialismo: el proletariado perdió su posición central. Al mismo tiempo, los nuevos movimientos sociales y los partidos de izquierda se dispersaron entre todos estos grupos de víctimas del capitalismo neoliberal. Su dispersión y su división redujeron fuertemente la capacidad de cada uno de actuar y de influir significativamente sobre la oligarquía plutocrática dominante y los Estados cómplices del neoliberalismo.
b. ¿Cómo somos dominados? Con la mutación del capitalismo, las ganancias acumuladas por las empresas neoliberales provienen, mucho menos que antes, del trabajo de sus obreros: este trabajo es ahora informatizado y robotizado, y su productividad depende esencialmente de las innovaciones tecnológicas. En lugar de ser –como en el capitalismo industrial–, una “plusvalía sobre el trabajo”(la diferencia entre el valor producido y el costo de los salarios), estas ganancias son sobre todo beneficios comerciales e intereses financieros. Es al comprar y al contratar deudas que esta nueva clase productora enriquece la nueva clase gestora. Por lo tanto, el capitalista neoliberal se enriquece al saber crear necesidades y al saber explotar la demanda solvente, es decir, el poder de compra de los consumidores.
Segunda explicación de la crisis del socialismo: con la manipulación de sus necesidades por la ideología neoliberal, la mayoría de los consumidores están alienados, es decir, se comportan según el interés del otro actor: el que lo domina. La despolitización es también una consecuencia de esta alienación.
c. ¿Contra quiénes luchamos? La clase capitalista neoliberal no es una “burguesía” en el sentido marxista de la palabra. Lo que importa para ella no es que sus miembros sean propietarios privados de los medios de producción, ni que sepan explotar la fuerza de trabajo de sus obreros: es que sepan dominar (alienar) a los consumidores y vender todo lo que pueden producir. Sus miembros forman una clase dominante porque son capaces de crear necesidades de consumo (por la publicidad y su dominación de todos los canales de comunicación), y de endeudar a los consumidores (por su control de los bancos y las empresas de seguro). Para cada uno de los miembros de la clase capitalista neoliberal, lo que es estratégico (decisivo) para pertenecer y mantenerse en esta clase dominante, es ser más competitivo que los otros y saber vender más. Para no desaparecer, lavieja burguesía de ayer tuvo que convertirse en una clase de comerciantes y de especuladores, y practicar comportamientos incívicos.
Tercera explicación de la crisis del socialismo: la nueva clase dominante es mundializada y actúa a este nivel. Se ha vuelto un grupo “fantasma”: un grupo inalcanzable, invisible, no localizable y, por lo tanto, “irresponsable”. Las organizaciones internacionales (OMC, FMI, BM, OCDE…) están a su servicio y son financiadas por ella. Ella escapa al control regulador de los Estados nacionales; al contrario, es ella la que extiende su dominación sobre los Estados. En varios países, fueron partidos políticos “socialistas” (F. Mitterrand, G. Schröder, F. González, T. Blair…) los que introdujeron el liberalismo en su economía nacional durante los años 70 y 90. Las víctimas del capitalismo neoliberal saben ahora que no pueden contar sobre los partidos de la antigua izquierda para defender sus intereses. De allí, la crisis de la democracia política: los partidos socialistas, y otras fuerzas de izquierda o de centro, dejaron de ser creíbles.
d. ¿En nombre de qué reivindicamos? Las reivindicaciones de los proletarios de ayer eran perfectamente adaptadas al modo de producción de la burguesía industrial: atacaban directamente las fuentes de la plusvalía sobre el trabajo, exigiendo la reducción de la jornada de trabajo y el mejoramiento de los salarios. Por esto me parece correcto hablar de reivindicaciones estratégicas. Hoy, como lo vimos, con el nuevo modo de producción de la riqueza, la clase capitalista neoliberal se enriquece de otra manera. ¿Cuáles son entonces las reivindicaciones estratégicas para la nueva clase productora? Sobre esta pregunta central, volveremos más adelante (ver el punto VII).
Cuarta explicación de la crisis del socialismo: ciertos dirigentes de partidos socialistas europeos, en lugar de defender a los trabajadores y a otros oprimidos contra la desocupación y el alza del costo de la vida, se hicieron, algunos más, otros menos, cómplices de la nueva clase neoliberal dominante.
e. ¿Cuáles son nuestros métodos de lucha? El arma principal del movimiento obrero y de los socialistas era la huelga del trabajo: ella obligaba a los patrones a aceptar, por lo menos, una parte de las reivindicaciones de los sindicatos y después, el partido socialista obligaba el Estado a inscribir en las leyes las reformas acordadas entre las dos clases. Así, paso a paso, la burguesía fue obligada a financiar la Seguridad social y el mejoramiento de las condiciones de vida de todos.
Quinta explicación de la crisis del socialismo: con las deslocalizaciones en países que no piden nada mejor que acoger a los inversionistas extranjeros, las huelgas perdieron gran parte de su eficacia. Más aún, el recurso a la huelga incita a los capitalistas neoliberales a deslocalizar sus empresas. El resultado fue la desocupación estructural endémica.
Estas cinco razones forman un todo: cada una actúa sobre las otras. Son ellas las que arruinaron toda la pertinencia de la perfecta adaptación a la realidadque el movimiento obrero y socialista había logrado construir y había practicado hasta entonces. Podemos comprender, así, por qué el socialismo pierde a sus partidarios y a sus electores –y por lo tanto, por qué suben en varios países del mundo los nacionalistas populistas de la extrema derecha, no solamente en los países industrializados, sino también en los que lo son menos.
Sin embargo, la realidad es aún más compleja. Lo que permite comprender mejor “el todo” formado por las cinco razones expuestas en este punto IV es algo más profundo, más general: es una mutación que es más que técnica, más que económica, más que política. Es una mutación cultural (4). Nuestras sociedades han pasado, al final del siglo XX, de una concepción de la “vida buena” basada en el Progreso, a otra, basada en el “Individuo-Sujeto-Actor autónomo de su existencia personal”, lo que explica la verdadera explosión del individualismo que conocieron nuestras sociedades al final del siglo pasado y que sigue vigente. Tener una “vida buena”, para el Sujeto-Actor de hoy, es ser una persona que quiere vivir feliz, sentirse libre, vivir en plena seguridad en el mundo social, natural e internacional, que quiere decidir por sí mismo su futuro, realizarse en el curso de su existencia personal y que, además, rechaza toda forma de discriminación (de nacimiento, de género, de edad, de etnia, de religión, de lengua, de sexualidad, etc.).
V. ¿Por qué es imprescindible renovar el socialismo?
La respuesta es simple y evidente: el lector ya la entendió. El socialismo de ayer fue una ideología que dio sentido y legitimidad a la lucha de una clase productora de riqueza económica: la clase obrera del capitalismo industrial. Con la mutación de su modo de producción, el capitalismo cambió las dos clases sociales: tanto la burguesía como el proletariado. Con esto, el tiempo de la clase obrera había terminado, aun si queda de él una enorme capacidad de organización que le permite, hasta hoy, seguir defendiendo lo que pudo adquirir por sus luchas durante un siglo y medio. De la misma manera que han terminado, antes de los obreros, la clase de los esclavos, de los siervos y de los artesanos que cumplieron su papel en la historia. Ellos también lucharon, con los medios materiales e intelectuales que tenían, contra la explotación de su condición social, que los obligaba a trabajar para enriquecer una clase gestora, habitualmente más dominante que dirigente (5).
Por lo tanto, si es bien cierto que una nueva clase productora de riqueza (el “consumariado”, es decir, los consumidores manipulados y endeudados) sustituyó a la clase obrera, es evidente que las luchas de clases tienen que cambiar, que las reivindicaciones no pueden ser las mismas y que el movimiento social tiene que “reinventar” una nueva “perfecta adecuación” del nuevo movimiento social y de sus reivindicaciones con la nueva realidad.
VI. ¿Tenemos un modelo en el cual inspirarnos?
Que tengamos que inventar una nueva forma de lucha de clases y, por lo tanto, un nuevo movimiento social de la clase productora, nos invita también a preguntarnos como podemos inspirarnos en ejemplos que fueron exitosos en la historia. En este caso, por supuesto, la respuesta sería: el movimiento social obrero y el socialismo democrático (es decir los regímenes social-democráticos). Considerando los datos citados en el punto II, me parece útil recordar brevemente lo que fue, y es todavía, el socialismo socialdemócrata en los países escandinavos, y en particular en Suecia (aun si es más difícil desde 2022 a causa de la oposición neoliberal). Hasta los años 1930, Suecia era un país donde las luchas de clases entre obreros y patronos capitalistas eran las más virulentas y las más violentas de Europa, al punto de paralizar el país. Inspirándose en ideas que venían de Alemania, entre otros del teórico judío socialista, Eduard Bernstein (1850-1932) del partido socialdemócrata alemán, los sindicatos y los empresarios pensaron entonces que, a ambas clases sociales les convendría mejor colaborar entre ellas, en lugar de pasar constantemente de huelgas salvajes a lockout patronales.Tras muchas negociaciones sobre las condiciones de dicha colaboración, en 1938, sin que el gobierno tuviera que intervenir, los patrones y los obreros llegaron a un acuerdo –conocido como los acuerdos de Saltsjöbaden– según los cuales, ambas clases sociales se comprometieron a tomar en cuenta los intereses de la otra a la hora de entrar en conflictos: los patrones tomarían en cuenta las reivindicaciones de los sindicatos, los que, a su vez, se comprometían a moderar sus exigencias para no poner en peligro la competitividad de las empresas suecas en los mercados internacionales.
Este modelo original de gestión de los conflictos y sus modalidades concretas fueron puestos en aplicación por el Partido Socialdemócrata sueco, creado en 1889, que fue mayoritario en la vida política y gobernó el país a partir de 1932. Este partido, llamado el SAP, ha gobernado el país durante ochenta años en más de un siglo de democracia. Estuvo en el poder, sin interrupción, entre 1936 y 1976, luego de nuevo entre 1982 y 1991 y de 1994 a 2006. Después, el SAP estuvo en la oposición hasta 2014, cuando volvió al poder con Stefan Löfven, haciendo una coalición con los ecologistas. Pero recayó de nuevo en la oposición tras las elecciones generales de 2022, cuando Ulf Kristersson, del “partido moderado” formó una coalición con los demócratas cristianos y los liberales.
La ideología del partido SAP es, en teoría, una revisión del marxismo ortodoxo. Su programa se calificó muy pronto de socialdemócrata y se consideró una forma de socialismo democrático. Sus miembros apoyan una amplia política de protección social que cubre todos los riesgos importantes, no solo para los trabajadores, sino también para las amenazas y formas de discriminación a las que pueden estar sometidos todos los demás ciudadanos. Esta protección social se financia mediante impuestos. En los últimos tiempos, se han convertido en fervientes defensores de causas más nuevas, como la lucha contra diversas formas de discriminación social, de las mujeres, de los homosexuales, de las personas de otras culturas o razas, etc. La protección social sueca (al igual que la de Noruega y la de Finlandia) es reconocida como ejemplar en todo el mundo.
VII ¿Qué hay que hacer para renovar el socialismo en el siglo XXI?
Como bien lo dijo Jorge Arrate7, tenemos que crear una nueva fuerza transformadora que pueda redefinir los cinco componentes de un movimiento social de la nueva clase productora. Según mi propuesta, esta fuerza transformadora se llamaría: movimiento social cívico. Para hablar claro: por supuesto, el modelo del cual este movimiento social debería inspirarse sería el del movimiento obrero de los siglos XIX y XX. Y el régimen que este movimiento debería exigir a los dirigentes políticos de su país sería el régimen de la socialdemocracia escandinava.
Para analizar este movimiento, voy a retomar el mismo cuadro analítico (7) que he utilizado para comprender el éxito y el declive del movimiento obrero. Y lo voy a resumir, incluso si, para mayor claridad, también lo voy a repetir un poco.
a. ¿Quiénes somos? Somos la clase social de los consumidores manipulados y endeudados. Somos los que, en nuestro país, producimos la riqueza económica que enriquece a la clase oligárquica y plutocrática del capitalismo neoliberal. Sabiendo que todos los ciudadanos de nuestro país son consumidores (incluso los que pertenecen a la clase plutocrática neoliberal) y que no todos están endeudados, tenemos que precisar que todas las personas que comparten nuestras convicciones cívicas son bienvenidas en nuestro movimiento. Además, estamos dispuestos a aliarnos con los miembros de otros movimientos sociales, en particular, los que defienden unas causas identitarias (y que también son consumidores, sin ser necesariamente endeudados). Lo que nos define (independientemente de nuestras otras características) es la causa que defendemos: el civismo (que consideramos como el socialismo del siglo XXI).
b. ¿Cómo somos dominados? Al comprar los bienes y servicios que, por la manipulación de la publicidad, la plutocracia neoliberal nos hace desear y comprar, le ofrecemos unos beneficios comerciales, y al devolver nuestros préstamos a los banqueros, les ofrecemos unos intereses financieros. Por esto, necesitamos ir a trabajar todos los días, cruzando unas ciudades intransitables, para ganar unos salarios que no siempre nos permitan vivir hasta el mes siguiente y esto, para ocupar unos empleos que no siempre presentan el menor interés.
c. ¿Contra quién luchamos? Lo que llamó aquí “clase oligárquica plutocrática neoliberal” es un grupo compuesto de diversos tipos de personas, que yo comparo con un pulpo y sus tentáculos. La cabeza comporta los managers y sus accionistas, que saben cómo manejar sus empresas para que sean más competitivas y para conquistar nuevos mercados.
Sus numerosos colaboradores forman los tentáculos, muy competentes y bien remunerados: las “agencias de calificación”, que saben evaluar la salud financiera de los Estados, de las empresas y de los bancos; las “agencias de publicidad”, que saben cómo crear nuevas necesidades y manipular la demanda solvente; las “agencias de innovación”, que saben cómo inventar constantemente nuevos productos de alta tecnología y practicar la obsolescencia programada; los “gabinetes de abogados y otros juristas”, que saben cómo eludir las leyes y practicar la evasión y el fraude fiscales; los “grupos de presión” o “lobbies”, que saben cómo infiltrar, seducir y corromper a las administraciones y a los políticos para conseguir favores; las “grandes organizaciones internacionales”, que saben cómo ejercer presión sobre los Estados nacionales para imponer las exigencias del neoliberalismo; y también muchos “dirigentes políticos nacionales” (incluso socialistas), que están dispuestos a abrir ampliamente las puertas de su país y a ofrecer regalos fiscales para atraer a los inversionistas extranjeros.
d. ¿En nombre de qué reivindicamos? En nombre del bien común, es decir del civismo, queremos ejercer una presión suficiente sobre los dirigentes de los Estados nacionales y sobre los miembros de la clase plutocrática neoliberal, para que renuncien a las prácticas incívicasque se derivan directamente de la lógica de la competencia en la que participan (8).
Recuerdo que estas prácticas incívicas (que permiten a los empresarios aumentar su competitividad gracias a unas reducciones de sus gastos de producción) son las siguientes: la explotación y la precarización de sus trabajadores; el engaño de los consumidores sobre la calidad de los productos; la contaminación de la naturaleza y el agotamiento de los recursos no renovables; la práctica del fraude y de la evasión fiscales; la privatización de los bienes comunes que no pueden ser mercancías; la deslocalización de sus empresas a países que ofrecen mejores condiciones de inversión; la colaboración con inversionistas extranjeros que practican el imperialismo; la falta de respeto de los derechos humanos de las mujeres, de los niños, de los inmigrantes y de los pueblos originarios de los países en los que están establecidos.
Tales son las nuevas “reivindicaciones estratégicas”de las luchas entre las nuevas clases en las sociedades de hoy y en el mundo entero. Tenemos que obligar legalmente a la clase plutocrática neoliberal a comportarse de manera cívica, y por esto, obligar los dirigentes políticos a dictar leyes que castiguen severamente su incivismo.Estoy convencido de que la única manera de dar un nuevo sentido al socialismo es por la creación, en cada país del mundo, de un movimiento social cívico. Pienso que el civismo es la nueva cara del socialismo porque puede reunir, en un solo movimiento poderoso, a las víctimas – todas son ciudadanos consumidores– de las prácticas incívicas de la clase capitalista plutocrática neoliberal.
f. ¿Cuáles son nuestros métodos de lucha? El movimiento socialista de ayer fue muy eficaz, pero, para llegar a este resultado, tuvo que pagar un precio muy alto por la represión que debió sufrir. Sin embargo, hoy en día, con los adelantos de la tecnología – con las “armas” que nuestro adversario nos pone en las manos –, un movimiento social y político puede ser eficaz sin necesidad de ser tan heroico como lo fueron los proletarios de ayer.
Con estas “armas”, las iniciativas de un movimiento social (por ejemplo, la decisión de emprender una acción) pueden ser comunicadas por teléfonos celulares y redes sociales a millones de personas en muy poco tiempo. Además, la huelga del trabajo debería ser reemplazada por otra más adaptada a la realidad actual: la huelga del consumo y el uso del boicot.
Si, por algún motivo específico, un millón de personas decidieran amenazar (con su computadora, y desde su casa) a un Banco con retirar su dinero, o amenazar a una empresa con dejar de comprar sus productos o sus servicios, su presión sería tan fuerte que obligaría a este Banco o a esta empresa a tomar seriamente en cuenta sus reivindicaciones. En definitiva, la acción de millones de personas coordinadas, actuando de esta manera, tendría la fuerza necesaria para obligar a la clase plutocracia capitalista dominante, a renunciar a sus prácticas incívicas por otras que privilegien el interés general de la colectividad.
Notas
(1) He analizado estos cuatro caminos de la modernización industrial, comparando estos cuatro países, en un libro cuyo título es Le modèle culturel progressiste des nations industrielles modernes. Este libro, escrito en francés, no ha sido todavía publicado.
(2) Como cualquier movimiento social, el movimiento obrero tenía cinco componentes, cinco criterios de eficacia, tres procesos de elaboración y muchas condiciones que favorecieron su éxito. Me permito aquí reenviar a los lectores a la Teoría de la acción colectiva conflictual que he presentado en mi libro que será publicado en 2025 por la editorial LOM de Chile. Esta teoría es el objeto del capítulo VII de este libro. El título de este capítulo es “Mi alternativa utópica: Por un movimiento social cívico a nivel mundial”.
(3) Fue un factor decisivo, es cierto, pero no fue el único. Dos otros factores (por lo menos) contribuyeron también: el alza de la productividad del trabajo gracias a las innovaciones tecnológicas y la explotación de los recursos naturales y humanos de los países colonizados o dominados por el imperialismo de los países hegemónicos.
(4) He explicado esta mutación cultural (que es mi tema preferido) en varios otros libros, en particular en uno de ellos: L’individu sujet de lui-même(publicado por el editor Armand Colin en 2013, y también por otro editor, EME, en 2021). Por falta de espacio, no puedo introducir este tema aquí. Lo puedo hacer en otra contribución si les interesa a los lectores.
(5) Hago aquí una diferencia que retomo de mi maestro Alain Touraine: “Dirigente” es una clase gestora que se ocupa más del interés general que de su interés privado. Digamos, una clase gestora “altruista”. En dos mil años de historia de Europa occidental, estas clases gestoras altruistas fueron muy (pero muy) excepcionales, para no decir inexistentes.
(6) Arrate, Jorge (2022). “Tejos a la raya. Nueve puntos por una nueva fuerza transformadora”. Santiago de Chile, Edición chilena de Le Monde Diplomatique, septiembre 2022.
(7) Este cuadro analítico, inspirado en Alain Touraine, comporta cinco preguntas que conciernen a los cinco componentes de un movimiento social. Quiero señalar a los lectores que no es necesario ser sociólogo para aplicar este cuadro y analizar cualquier movimiento social. Es, simplemente, un instrumento lógico, que tiene que llenarse con informaciones concretas que no son difíciles de recoger.
(8) Ver el punto 1, en la primera de mis contribuciones anteriores.
*Esta es la tercera de tres partes de un ensayo que presenta una visión global de la democracia, el desarrollo y el socialismo, preparado por el autor especialmente para el Portal Socialista.
**Guy Bajoit es profesor emérito de Sociología del Desarrollo y del Cambio Social y Cultural en la Universidad Católica de Lovaina (Bélgica); es también investigador del CRIDIS (Centro de Investigación Interdisciplinaria Democracia, Institución y Subjetividad) de la misma universidad y presidente del CETRI (Centro Tricontinental, creado en 1976 por el profesor François Houtart, con la finalidad de contribuir al desarrollo de los países del Sur).
Nota del autor: agradezco mi amigo Mario Sandoval por su relectura meticulosa de este texto y sus numerosas correcciones.