El prohibicionismo, entendido como política centrada en impedir o restringir el uso, producción y distribución de ciertas sustancias, tiene correlación positiva con la existencia y expansión del crimen organizado.
Cuando una sustancia es consumida por un sector de la población y se la prohíbe, este acto induce que su producción y distribución pasen a ser controladas por grupos que burlan la ley. En la medida en que esos grupos son perseguidos porque actúan contra las normas vigentes, se convierten en grupos criminales. La prohibición no elimina la demanda. Por ese motivo surge el mercado negro, que se convierte en una actividad altamente lucrativa. Los precios de los bienes o servicios prohibidos tienden rápidamente a incrementar su valor.