CONCURSO DE TEXTOS BREVES BEATRIZ “TATI” ALLENDE BUSSI
Durante 4 años (2020-2023), buscando mantener la memoria, invitamos a escribir. Destacados jurados, con mucho compromiso, trabajaron en la lectura y selección de los textos ganadores. En la tercera convocatoria del concurso la invitación fue a “hurgar en el pasado; rememorar el avión rojo y las ideas que alentaron su vuelo. Muchas de ellas, creemos, aún vigentes hoy”.
Compartimos, aquí, el cuento ganador de la tercera convocatoria del concurso (2022).
ALGUIEN NOS VA A RECORDAR
Claude Alcán
Primer Lugar
Concurso de Textos Breves Beatriz “Tati” Allende Bussi – 2022
16 de junio de 1936
Santiago, Chile
Mi amor:
Se acabó el sueño. La promesa, el futuro que veíamos. Sabes que me cuesta hablar de lo que siento, que me tuve que hacer dura para sobrellevar esta vida nuestra. Por eso te escribo, aunque estés en la otra pieza y escuche la radio desde acá. Ya se los llevaron a Isla de Pascua, escucho. Sabes que me cuesta hablar de lo que siento y todavía más cuando es esta decepción que me come por dentro. El avión rojo nos traía la promesa del Chile justo con el que soñaba tu papá en la pampa, esa promesa que mi padre escupía por creer que no se merecía más que lo que ganara con su “justo esfuerzo”, pero tú y yo sabemos que el patrón igual lo echó del fundo cuando no pudo seguir trabajando. Me cuesta decírtelo, sé que te enojaste porque parecía que me daba lo mismo. Me cuesta decírtelo porque la rabia no me deja hablarte bien y me frustra que haya crudeza.
Perdimos, mi amor, un pedazo de esperanza. ¿Cuántos días duró? Pero tengo esperanza también, mi bonita, de que esto no se va a acabar. Ni tú ni yo vamos a verlo, tal vez; no vamos a ver ese cielo rojo bajo el que el peón disfruta del fruto justo de su trabajo, pero tus sobrinos y los míos lo van a ver. O sus hijos, o los hijos de ellos. Hoy día plantamos una semilla para el futuro, ¿verdad, mi alma? El sueño socialista no nació a principios de mes ni muere hoy día. Como dice ese poema que te gusta de Safo: alguien nos va a recordar, tal vez, en el futuro.
Siempre tuya,
Tu cariño.
Se levantó del escritorio. No le gustaba la letra. Tenía las manos toscas por la maestranza, no parecían capaces de escribir algo hermoso en forma y por eso le ponía empeño al contenido. Le daba vergüenza. Pero la carta era importante; cruzó el pasillo estrecho y se la entregó.